Matías Deltetto Ziegenfuhs

keeping well 🙋🙌🙆

Con el pasar de este año me he dado cuenta que no he hecho más que andar corriendo vaya a saber quien detrás de que.
Interminables viajes, geniales,  por que de cada uno he rescatado momento únicos y personas maravillosas,  pero sigo así,  sin punto fijo,  un nómada que va,  solo va..  Y sin poder seguir las historias y amigo, que se van quedando en esos mil momentos que no puedo seguir ni compartir.
Este tiempo me ha dejado ver lo que verdaderamente quiero en la vida y lo que no. Pero me angustia mucho algo,  que no se que es aún,  pero me angustia.  Se que mi vida cabe en una maleta,  que amo escuchar hablar a la gente de sus orígenes y de la cultura de donde vienen.  Se que no hablo bien inglés,  pero que me encanta hablarle. Que soy feliz enseñándole castellano y cultura Argentina a extranjeros. También descubrí que todos esos años de teatro de mi niñez estaban guardados por ahí y que aparecieron,  se desempolvaron,  soy todo un comediante habla giladas que no se de donde saco.
Meditando cada mañana reniego que hay muchas cosas que no me están pasando. Cosas  que siento esenciales para mi vida. Me crié materialista,  aferrado al dinero,  a las estructuras sociales del que dirán.  Y al final de cuentas cuando más necesidades tuve, por dentro estaba muriendo de angustia e incomodidad,  pero desafiaba a dejarme llevar, ser positivo,  ver todo luz,  radiante. Y fue así que me vi diferente,  me vi bien. 
Quiero viajar,  mi maleta y yo. Nómadas. En busca de vaya a saber que.  Pero eso que nadie me impuso,  en busca de mi mismo.

Mati Deltetto Ziegenfuhs 


raiimunda:

 Doy muchas vueltas. Debería ser más fácil. Tengo que agarrar el trípode, abrirlo, poner la cámara en posición normal, medir la luz y culminar con un solo gatilleo. Toda mi producción está puesta en tan solo dos acciones: sacarme la ropa y sentarme desnuda frente a la cámara.
Y ahí está mi cuerpo sentado, esperando que el timer le ponga fin a esos minutos de transpiración y nerviosismo…
Siempre traté de no llegar tarde, de no levantar la mano para decir lo que pienso, caminar corriendo con la cabeza gacha para no llamar la atención, para pasar desapercibida, ser invisible… y como siempre hago lo que quiero, así fue, fui invisible. Durante años, no hice mas que permanecer quieta, sin hacer ruido, sin hacerme notar. Como si alguna vez se hubiesen podido esconder los 110 kilos que tenía que trasladar conmigo a todos lados.
Ahí está lo difícil. No es solo mi peso lo que hace que mi traslado o mis movientos sean incómodos. A ese peso hay que sumarle dedos acusadores, miradas y voces. Esos dedos, esas miradas y esas voces eran tan pesadas, que terminé mucho más gorda y  pensando en que quizás,  nunca quise ser invisible por lo tanto, nunca pude ser. 
   Y ahora estoy acá temblando frente  a la computadora por cada palabra que sale de mi boca como la erupción de un volcán. Harta, harta de ceder ante los ojos ¿de quién?
 ”El amor te salva”, escucho siempre. Pero nunca me explicaron que una persona gorda es capaz de amar o sentirse amada.
- Ésta es una película, no necesito alguien que la dirija. Yo soy la directora, tengo una cámara con tres memorias de 16 gb dispuestas a congelar todos los momentos y las personas que me quieran acompañar en este largometraje, los demás son solo extras- View Larger

raiimunda:

 Doy muchas vueltas. Debería ser más fácil. Tengo que agarrar el trípode, abrirlo, poner la cámara en posición normal, medir la luz y culminar con un solo gatilleo. Toda mi producción está puesta en tan solo dos acciones: sacarme la ropa y sentarme desnuda frente a la cámara.

Y ahí está mi cuerpo sentado, esperando que el timer le ponga fin a esos minutos de transpiración y nerviosismo…

Siempre traté de no llegar tarde, de no levantar la mano para decir lo que pienso, caminar corriendo con la cabeza gacha para no llamar la atención, para pasar desapercibida, ser invisible… y como siempre hago lo que quiero, así fue, fui invisible. Durante años, no hice mas que permanecer quieta, sin hacer ruido, sin hacerme notar. Como si alguna vez se hubiesen podido esconder los 110 kilos que tenía que trasladar conmigo a todos lados.

Ahí está lo difícil. No es solo mi peso lo que hace que mi traslado o mis movientos sean incómodos. A ese peso hay que sumarle dedos acusadores, miradas y voces. Esos dedos, esas miradas y esas voces eran tan pesadas, que terminé mucho más gorda y  pensando en que quizás,  nunca quise ser invisible por lo tanto, nunca pude ser. 

   Y ahora estoy acá temblando frente  a la computadora por cada palabra que sale de mi boca como la erupción de un volcán. Harta, harta de ceder ante los ojos ¿de quién?

 ”El amor te salva”, escucho siempre. Pero nunca me explicaron que una persona gorda es capaz de amar o sentirse amada.

- Ésta es una película, no necesito alguien que la dirija. Yo soy la directora, tengo una cámara con tres memorias de 16 gb dispuestas a congelar todos los momentos y las personas que me quieran acompañar en este largometraje, los demás son solo extras-